Traducción y capital simbólico: André Gide en la literatura catalana de entreguerras
- Por Pep Sanz Datzira
Páginas 107 a 118
Citar este artículo
- SANZ DATZIRA, Pep,
- Sanz Datzira, Pep.
- Sanz Datzira, P.
https://doi.org/10.4000/bulletinhispanique.16264
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- Sanz Datzira, Pep.
- SANZ DATZIRA, Pep,
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Traducción y modernización
1En el contexto de la dictadura franquista, el proceso de recuperación de una industria y un mercado editoriales en lengua catalana fue un proceso lento y progresivo, condicionado, en primer lugar, por la censura política imperante. Algunos autores (Bacardí 2012, Gallofré 1991, Samsó 1994) han descrito y sistematizado los criterios que se seguían a la hora de autorizar, modificar o prohibir la publicación de un título. Entre otros elementos (contenido moral del texto, crítica política, adscripción ideológica del autor, etc.), el género literario del libro sometido a censura era uno de los factores determinantes. En el caso de la literatura catalana, las primeras obras autorizadas por la censura fueron ediciones de poesía de finales del siglo xix y principios del xx, que a menudo podían publicarse con la condición de ser editadas siguiendo la ortografía previa a la reforma iniciada por Pompeu Fabra, postergando así el modelo de lengua normativizada, que había consolidado su estándar escrito durante las primeras décadas del siglo.
2Uno de los productos editoriales que más tardó en ser autorizado fueron las traducciones de obras extranjeras en lengua catalana. Este hecho ilustra, en un contexto cultural con unos condicionantes políticos muy estrictos, el capital simbólico que vehiculan las traducciones y la gestión que el poder político hace de este capital (Casanova 2002). Si la traducción es el vehículo que utilizan los espacios literarios nacionales para dialogar entre sí, la inexistencia de la traducción equivale al aislamiento de la cultura que ni traduce ni es traducida. El resultado de esta marginación es, cuanto menos, la reducción de un sistema cultural a unos productos y a unas prácticas cerradas en sí mismas, a menudo autorreferenciales y, en cualquier caso, subordinadas a un espacio nacional privilegiado dotado de poder político y capaz de generar el capital simbólico que será hegemónico en su espacio de influencia.
3La literatura y la cultura catalanas experimentaron, en el periodo anterior a la dictadura franquista, un conjunto de cambios que condujeron a la configuración de un sistema literario con importantes carencias en comparación con los sistemas literarios de su alrededor, pero que respondía, a grandes rasgos, a los parámetros propios de un sistema literario moderno construido sobre la base del mercado del libro (Castellanos 1996). Es decir, con un público capaz de consumir una clase de productos culturales y generar unos réditos económicos, y con unas estructuras generadoras de capital simbólico que incentivaran este consumo. Una de las prácticas fundamentales en la construcción de este capital era la traducción de obras extranjeras. En este contexto, la literatura francesa era, en comparación con el resto de literaturas europeas, el ámbito privilegiado, no solo en cuanto a la importación de títulos para traducir (Roig 2013b), sino también en lo que respecta al valor referencial que tenía para algunas instituciones culturales, como por ejemplo la crítica (Roig 2013a).
4En este artículo proponemos una aproximación a la recepción de los títulos de André Gide publicados en catalán durante el periodo de entreguerras. A la hora de analizar la presencia y la recepción de estas traducciones no podemos pasar por alto algunos hechos sin duda determinantes en la construcción del prestigio de su autor: una difusión, ya notable, de la obra en otros países europeos, y la dirección, desde su fundación, de La Nouvelle Revue Française, plataforma decisiva para los intercambios transnacionales de bienes simbólicos. Veremos también cómo la coyuntura política a nivel europeo, la posición ideológica de Gide y su intervención en el debate público determinan sin duda alguna la recepción de su obra.
Las primeras traducciones
5Dejando a un lado la traducción del ensayo «De l’influence en littérature» en la revista modernista Pèl&Ploma en 1900 (Sanz 2019), uno de los primeros textos de Gide vertidos al catalán corresponde a un fragmento de la obra teatral Bethsabé, publicada en 1912. La traducción del acto II de esta pieza aparece en el número XLI de La Revista, en junio de 1917, firmada por Alexandre Plana. El público de una plataforma como La Revista era evidentemente reducido, formado por una intelectualidad preocupada por conocer y difundir en sus círculos a los autores y las tendencias más relevantes en otras literaturas. Hay que señalar que la presencia de traducciones era un hecho habitual en la publicación y que la selección de textos, de acuerdo con las posibilidades materiales de impresión, privilegiaba lógicamente las traducciones de poesía, aunque también publicaba fragmentos de textos dramáticos y, en algunos casos, de artículos de la prensa extranjera (Ribé 1983). El número que incluye la traducción de Bethsabé incorpora, en la última página, información sobre las Publicacions de La Revista: se publicitan las obras editadas recientemente, Venus i Adonis de William Shakespeare, en traducción de Magí Morera i Galícia y prefacio de Josep Carner, y el volumen colectivo L’obra d’Isidre Nonell, que firman, entre otros, Eugeni d’Ors, Raimon Casellas, Joan Sacs, o el mismo Alexandre Plana.
6Plana, el traductor de Gide, destacaba como crítico literario. Si bien su obra comprende varios géneros (poesía, novela, prosa poética crítica artística...), la dedicación a la traducción fue un hecho esporádico en su biografía literaria. El número XLI incluye, como introducción al fragmento gideano, un artículo de Josep Maria López-Picó, fundador, con Joaquim Folguera, de la publicación y director de la misma. En su texto valora la vigencia y la imagen del escritor francés en el contexto de su literatura. Se trata de un tipo de presentación recurrente en La Revista, que sirve para ilustrar con claridad la vocación europeísta y la voluntad de asimilación de los debates intelectuales que se desarrollan en las literaturas del continente. Esta voluntad no es, evidentemente, un hecho exclusivo de la publicación dirigida por López-Picó; responde, más bien, a un fenómeno común, generalizado y creciente en todos los ámbitos de la vida cultural: tanto en las distintas estéticas que se sucedieron a partir de la modernización impulsada por el novecentismo, como en la clase de infraestructuras de producción y consumo cultural, como pueden ser algunas colecciones editoriales, la crítica y las revistas que la albergan. En cuanto a La Revista, su empeño de europeización puede identificarse con la concepción ideológica que lo inspira (el novecentismo), pero también con los referentes extranjeros a los que anhela asemejarse, como bien expone uno de sus colaboradores más ilustres, Carles Riba:
Preparem, doncs, la nostra obra concreta. Hem de pensar seriosament en la renovació de La Revista. Cal fonamentar-la sobre una economia segura, elevar-la de to i de qualitat –que vol dir fer-la retrocedir un parell o tres d’anys– mitjançant una selecció implacable per una banda, i per altra banda l’exigència –quirúrgica si convé– a la nostra gent, de tot el que pot produir. En cap altre país, potser, es trobaria una joventut d’una potència tan formidable i d’un acte tan escàs. [...] Una base financera decent permetria tal vegada de recaptar la col·laboració d’una dotzena d’estrangers intel·ligents [...], acostant així de mica en mica la nostra revista al tipus d’una Revue de Genève.
8La revista suiza, vinculada a la difusión de las actividades de la Sociedad de Naciones, se presentaba como una publicación mensual « de liaison intellectuelle et de documentation originale », puesto que incluía textos traducidos y contaba con secciones de literatura, crónicas nacionales e internacionales y notas informativas: un programa que compartía, también, la plataforma barcelonesa. Como apuntábamos anteriormente, el público de La Revista formaba un campo restringido. Sin embargo, el legado y el capital vehiculados a partir de infraestructuras identificables con la alta cultura permitieron, junto a otros factores, la creación y la consolidación de proyectos dirigidos a sectores más amplios, capaces de generar un rendimiento comercial. Como veremos a continuación, una de estas infraestructuras de difusión popular, que afectó también a la difusión y a las traducciones de Gide, fueron algunas colecciones literarias de los años treinta.
9La primera traducción de Gide publicada en formato de libro –las dos anteriores solo fueron divulgadas desde sus respectivas revistas– apareció en un contexto histórico y cultural que había experimentado cambios muy significativos respecto al contexto del novecentismo, que acogió la traducción de Bethsabé. Estos cambios estructurales afectaron, entre otras esferas de la cultura, al mercado editorial y a la configuración del público. En este contexto de transformación, Edicions Proa editó, en 1930, la traducción de Les Caves du Vatican, a cargo de Miquel Llor. Este escritor, a pesar de haber dado al público ya dos novelas, todavía no había alcanzado el éxito y la popularidad que lograría al año siguiente, en 1931, con Laura a la ciutat dels sants, distinguida con el prestigioso Premi Crexells.
10El producto editorial que representa Les Caves del Vaticà es completamente diferente a la traducción aparecida trece años antes en La Revista. En primer lugar, atendiendo a los formatos en que se difunden ambos textos. En segundo lugar, atendiendo al género al que pertenece cada título: la novela constituye el género popular por excelencia en la anhelada construcción de una modernidad literaria y cultural, y representa, sin duda, la base para la consolidación de un público lector en lengua catalana. La publicación de Les Caves del Vaticà fue, por lo tanto, coherente con el proyecto editorial de Proa, fundada apenas dos años antes, en 1928, por Josep Queralt y Marcel·lí Antich. Esta empresa se dedicó, desde sus inicios, a la divulgación tanto de originales catalanes como de traducciones de obras clásicas y modernas bajo la dirección literaria de Joan Puig i Ferreter (Llanas 2003). En su catálogo editorial, Les Caves del Vaticà ocupa una posición destacada: es el primer volumen de la colección «Els d’Ara», dedicada, evidentemente, a autores actuales. El primer título de la colección, en cuya portada aparece visiblemente el nombre del traductor, es ya un ejemplo del criterio que sigue la empresa, que apuesta, desde su fundación, por la visibilidad y la construcción de prestigio de los traductores.
11La figura de Miquel Llor no difiere en absoluto del perfil de los traductores que trabajan en Edicions Proa: a menudo escritores con obra propia ya publicada que encuentran en la práctica de la traducción un medio de subsistencia y, a su vez, una actividad que contribuye a su visibilidad literaria. Como observa Josep Mengual, Proa contribuyó a «la aparición y consolidación de buenos traductoras al catalán (...) y, en palabras de Manent, “creó sobre la marcha una auténtica escuela de traductores”, en un momento crítico además en la fijación y normalización de la lengua catalana» (Mengual 2013: 54). Entre los escritores que firmaron traducciones para la editorial dirigida por Puig i Ferreter encontramos a Josep Carner, Carles Riba, Domènec Guansé, Alfons Maseras, Andreu Nin o Prudenci Bertrana.
12Un artículo dedicado a Les Caves del Vaticà publicado en Mirador, ilustra la visibilidad que la editorial proporcionaba al traductor: «Miquel Llor acaba de traduir, i les Edicions Proa de publicar, com a volum inaugural de la magnífica col·lecció “Els d’Ara”, Les Caves del Vaticà d’André Gide» (Tasis 1930). Firma el artículo Rafael Tasis, y a pesar de su brevedad, permite ver qué imagen del escritor francés construía la crítica barcelonesa, que en el ejemplo que nos ocupa parece tener una clara conciencia sobre las implicaciones de la transmisión cultural entre literaturas:
[la publicación] en el nostre petit món de les lletres té encara més importància per l’obra triada. Clàssic de l’estil i de la forma, moderníssim de fons i d’intencions, Gide és avui un dels autors més discutits –més llegits, per tant– d’Europa. A Alemanya, per exemple, és l’autor francès que més és llegit. Cal dir que la seva fama no és gratuïta, ni la discussió ociosa. André Gide és un autor perillós, corrosiu, un contacte indispensable, però de resultats possiblement funestos per a una literatura feble. I Les Caves del Vaticà és, indiscutiblement, un dels exemples més típics de la seva obra, del perill fonamental que s’amaga en les seves pàgines (Tasis 1930).
14Después de estas consideraciones el crítico comenta algunos aspectos de la obra gideana relativos al contenido moral y, en la conclusión, retomando el título del artículo, se pregunta por las consecuencias de la novela en el contexto catalán:
Quina pot ésser la reacció de la nostra literatura al costat d’aquest empelt d’immoralisme que rep amb Gide? Possiblement cap influència, una assimilació vulgar i sense cap conseqüència. Però, i si la seva posició crea deixebles? Qui hi haurà que, sense ésser Gide, pugui mantenir una posició gideana, seguir unes doctrines gideanes en els llibres, enfront de la vida? Temptació perillosa i eixorca. Una literatura immoral podria ésser el màxim dissolvent de la nostra intel·lectualitat en germen; podria també ésser el llevat de noves collites, la reacció que donés vida a les més nobles audàcies i ofegués les deixalles del cofoisme i el vuitcentisme (Tasis 1930).
16La preocupación expresada en relación con el impacto del escritor en el sistema literario meta es, cuanto menos de forma implícita, un indicador de las funciones que la crítica otorga a la traducción. De hecho, el tratamiento que recibe el traductor como agente implicado en esta transmisión queda de nuevo reafirmado en las líneas que concluyen el artículo, en las que Tasis se refiere a una obra original de Miquel Llor, Tríptic, como ejemplo de la influencia gideana «consciente o espontánea».
17Otro periodista, Lluís Capdevila, se refería a esta misma traducción en el artículo «Intencions», que lleva un subtítulo lo bastante explícito: «L’anticlericalisme no ha d’ésser una moda». Desde las páginas del periódico La Campana de Gràcia el autor defendía la necesidad de «tornar a ésser anticlericals, convé tornar a ésser enemic d’aquests capellans incomprensius, intolerants, inintel·ligents. Convé donar un to aspre i dur a les fulles de combat» (Capdevila 1930). Queda lo suficientemente explícito el propósito del autor, que utiliza la novela de Gide como pretexto para un artículo de opinión, militante. Aun así, resulta relevante la última parte, en la que explica la motivación de sus argumentos:
Tot això m’ho ha suggerit [...] la lectura d’un magnífic article de Guillermo Dellhora a El Nacional, de Mèxic, sobre ensenyança religiosa. Guillermo Dellhora és l’autor d’un dels llibres més interessants i formidables que s’han escrit contra l’Església romana –que no cristiana–: La Iglesia Católica ante la crítica en el pensamiento y en el arte. I m’ho ha suggerit la lectura de Les Caves del Vaticà, d’André Gide –traduït esplèndidament per Miquel Llor–, que és un atac agut i magnífic. El llibre de Dellhora s’ha publicat a Mèxic. El de Gide, a Catalunya. Són dues coses ben diferents. Però l’obrer, l’home liberal, l’home d’esquerra, els hauria de llegir tots dos (Capdevila 1930).
19El periódico que alberga el texto de Capdevila es de tono satírico, defiende posiciones republicanas con un fuerte componente anticlerical y se dirige a un público formado mayoritariamente por obreros. Por este motivo resulta interesante subrayar que, además del interés y el valor literario, el componente de subversión y crítica que se le supone a Las Caves del Vaticà es un elemento decisivo en la difusión de la obra en el contexto catalán. El comentario final de Lluís Capdevila ejemplifica, a su vez, la conciencia sobre el valor de la traducción desde un punto de vista estrictamente lingüístico («traduït esplèndidament»), y en lo referente a la circulación transnacional de un referente literario del que se destaca, de forma preeminente y por encima de cualquier otra consideración, un componente ideológico.
El editor Janés y la mediación
20Después de los precedentes de La Revista y Edicions Proa, el proyecto editorial que incorpora al espacio catalán nuevas traducciones de Gide durante la década de 1930 es la colección «Quaderns Literaris», publicada por la editorial Edicions de la Rosa dels Vents. Es la iniciativa con la que el joven editor Josep Janés, fundador en la posguerra de la célebre editorial identificada con su apellido, entra en el mundo cultural y constituye, sin duda alguna, uno de los proyectos en catalán más relevantes de este período (Hurtley 1986). Con esta colección, el tipo de producto editorial que permite la difusión de Gide entre el público cambia notablemente. En este sentido, el trabajo personal de Janés es determinante, aunque, como apunta Josep Mengual, hay que entender la creación de esta iniciativa como una evolución y un enriquecimiento de las empresas precedentes que habían contribuido a la modernización del panorama editorial y que seguían llevando a cabo una actividad extraordinariamente prolífica gracias, en parte, «a la reducción de costes de producción a niveles mínimos [...], la elaboración de un plan de publicaciones integral y una organización y programación del trabajo impecable» (Mengual 2013: 53), como ejemplifican la editorial Barcino, fundada y dirigida por Josep M. de Casacuberta, y las Edicions Proa. Janés impulsó su iniciativa en 1934, el mismo año en que era distinguido como poeta con la Flor Natural de los Jocs Florals de Barcelona, un galardón que contribuyó a su visibilidad en el campo literario. Los primeros volúmenes de «Quaderns Literaris», de periodicidad semanal, eran de pequeño formato (23x15 cm) y tenían un precio de 50 céntimos. Se inauguró la colección con la reedición de una novela: Les presons imaginàries, de Pere Coromines. Dos años después, y poco antes del alzamiento militar en julio de 1936, se empezaron a publicar los títulos de André Gide seleccionados por Janés. Se trata de Les Nourritures terrestres, L’École des Femmes, Robert y Le Prométhée mal enchaîné. El primer título apareció dentro de la colección «Quaderns Literaris» y las tres obras restantes se incorporaron a la nueva colección, «Biblioteca de la Rosa dels Vents», creada en plena Guerra para sustituir a la colección originaria. Sin embargo, la continuidad entre ambas es evidente, tanto por lo que respecta al formato, como por lo que respecta al catálogo, en el cual la numeración de los títulos no se interrumpe con el cambio de nombre de la colección.
21Como se explica en la presentación del editor incluida en El Prometeu mal encadenat, publican semanalmente «obres mestres de totes les literatures» y se trata de «una obra de divulgació única a Catalunya» (Gide 1937: 7). Las condiciones materiales impuestas en el contexto de la guerra obligaron a algunas restricciones materiales, que afectaron al aspecto de los nuevos volúmenes; especialmente, en cuanto a la calidad del papel y al precio de los libros: el coste de suscripción por un trimestre (13 volúmenes) era de 12 pesetas, y el precio del volumen suelto, 1,25 pesetas. Aunque el editor no lo especifique, la «Biblioteca de la Rosa dels Vents» era el proyecto dedicado a los géneros mayoritarios y, por consiguiente, dirigido a un amplio sector de público, mientras que otras colecciones impulsadas por Janés en el mismo período se limitaban, por ejemplo, a la poesía o al ensayo.
22En cuanto a la primera traducción gideana editada por Janés, Els nodriments terrestres constituyó el volumen 143-144 de «Quaderns Literaris». Salió a la venta en diciembre de 1936, en un contexto marcado ya por el estallido de la Guerra Civil. En la cubierta figura, además del autor y el título, el nombre del traductor, Simó Santainés. A pesar de la sencillez, destaca la calidad en el diseño material del libro, que incluye un retrato de André Gide seguido de una pequeña nota autobiográfica, firmada con las iniciales A. G. El traductor del texto había colaborado en 1935 con «Quaderns Literaris», donde publicó la traducción de la narración Synnöva Solbakken, del premio Nobel noruego Björnstjerne Björnson, en el número 54 de la colección. En la posguerra Santainés continuó trabajando para Josep Janés en la traducción de literatura inglesa al español, con autores como Mark Twain, G. K. Chesterton, Mary Shelley o Virginia Woolf entre otros, además de elaborar una Antología de humoristas ingleses contemporáneos (1945). En este sentido, el perfil de Santainés difiere notablemente del resto de traductores que publicaban en «Quaderns Literaris», puesto que no se corresponde al del profesional de las letras que participa también en otras actividades culturales, o que es autor de obra propia, como sucede con la mayoría de traductores de la época; más bien parece que su actividad literaria se limitó a la traducción, que alternaba con el trabajo administrativo en la editorial. En el caso del segundo y del tercer título de Gide –L’Escola de les dones y Robert–, es el mismo editor quien firma la traducción, como lo hizo también con otras obras de literatura francesa e inglesa de su colección.
23Por último, la cuarta traducción gideana corresponde a El Prometeu mal encadenat, que el poeta mallorquín Bartomeu Rosselló-Pòrcel trasladó al catalán. Constituye el volumen 191 de la colección y fue publicado en 1937. Siguiendo el diseño y la presentación de los volúmenes anteriores, el nombre del traductor figura en la cubierta. De las cuatro traducciones de Gide impulsadas por Janés, el relato de Prometeo es la obra que ha gozado de mayor prestigio, como ejemplifica su reedición, más de cuarenta años después, a cargo de la editorial Quaderns Crema (Gide 1982). Evidentemente, el contexto cultural que acoge la reedición de la obra es extraordinariamente distinto al de 1937; pero en buena medida, el capital simbólico que explica esta reedición es debido, sin duda, a la identidad de su traductor. Rosselló-Pòrcel había publicado algunos libros de poesía –Quadern de sonets (1934) y Nou poemes (1935)–, pero su fama posterior se explica por la edición póstuma de un título con ecos prometeicos: Imitació del foc (1938). El poeta-traductor murió, a los veinticinco años, en enero de 1938. La singularidad de su obra y su figura mitigaron en cierto modo la parquedad de una producción fatalmente truncada y lo convirtieron en mito literario de una generación marcada por la brutalidad de la guerra.
La «traducción de combate»: posicionamiento político y función social del escritor
24Como hemos señalado, la presencia de Gide en «Quaderns Literaris», una colección de carácter marcadamente personal, evidencia el interés especial de Janés hacia el autor. Allende las cuestiones estrictamente literarias, como indica el biógrafo del editor (Mengual 2013: 80), podemos leer este interés como signo de la implicación personal en su proyecto anterior a la Guerra Civil española, en el que antepone sus convicciones literarias –en este caso, la fidelidad a Gide como uno de los autores más representados en su catálogo– a los condicionantes ideológicos y políticos. La imagen internacional de André Gide y su significación política en un contexto de evidente polarización de posiciones tomó un nuevo rumbo con la publicación, en 1936, de Retour de l’URSS y de Retouches à mon retour de l’URSS, al año siguiente. La «polémica Gide», como se conoció el alboroto surgido a raíz de la publicación de las obras en las que el escritor, afiliado por entonces al Partido Comunista, mostraba su visión crítica con la Unión Soviética, estaba por supuesto muy presente en el contexto de la guerra que había estallado en España y que tenía, a su vez, consecuencias directas en el campo literario francés (Dreyfus-Armand 2016). Evidentemente, la traducción o la recepción de las obras más políticas de Gide en el espacio cultural catalán desborda la esfera estrictamente literaria y, de hecho, su interés se explica no tanto por el contenido en sí de los títulos, sino por la imagen del autor y la polémica creciente –en el caso de Gide, fuera más preciso adjetivarla como «renovada»– alrededor de su figura.
25En el contexto de los años treinta, cada cultura desarrolla con sus propios condicionantes la problemática sobre la función social del escritor, del intelectual, que es llamado, lo quiera o no, a implicarse de algún modo en cuestiones de trascendencia política que rebasan la esfera literaria y la condicionan decisivamente (Denis 2000). Esta problemática adquiere también una dimensión europea, en cierto modo colegiada: es un punto de inflexión el Primer Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en París en junio de 1935. En Cataluña, el impacto de estas iniciativas llega meses antes del inicio de la Guerra Civil (Campillo 1994: 45-125) y se intensifica, obviamente, con el estallido del conflicto armado. La intervención de Gide en el congreso de la Mutualité (junio de 1935) es traducida al español por Julio Gómez de la Serna –que había firmado anteriormente sus versiones de Corydon en la editorial Oriente (1929) y Los monederos falsos en Biblioteca Nueva (1934)– y publicada con el título Defensa de la cultura.
26En cuanto a los títulos que habían desencadenado la polémica más candente durante los meses que precedieron al alzamiento militar de Franco, Retour de l’URSS y Retouches à mon retour de l’URSS no se editaron en España ni en catalán ni en castellano. Sí aparecieron, en cambio, en la editorial Sur de Buenos Aires: el primero, en 1936 con traducción a cargo de Rubén Darío y prólogo de Victoria Ocampo; el segundo, con traducción de Ernesto Palacio. La ausencia de traducciones en la España republicana no conlleva que los libros, ni mucho menos la crítica que suscitaron, fueran desconocidos en el contexto catalán: la «polémica Gide» ocupó páginas en los periódicos y se entronizó como una de las controversias ilustrativas de un debate de dimensión europea, como ejemplifica un artículo del semanario La Rambla, donde el crítico Domènec Guansé publicó «El desencís d’un intel·lectual» (Fidel 1937), sobre las ideas expuestas por el escritor y las reacciones que estas suscitaron.
Conclusiones
27En la introducción a este artículo recurríamos a la situación de las traducciones en el periodo de la dictadura franquista y a su peculiar relación con la censura como ejemplo ilustrativo de la relación entre capital simbólico y poder político en un contexto de extrema coacción hacia la literatura. Contrariamente, en un contexto democrático –aunque consideremos que el poder político nunca es ajeno a los fenómenos culturales que se desarrollan en su espacio de influencia–, la circulación de productos literarios está determinada por la voluntad de los agentes que crean y dinamizan esta circulación; en el caso de la publicación de traducciones, pues, por el editor, los traductores, la crítica, el público, etc.
28En las páginas precedentes hemos recalado en algunos hitos de la traducción al catalán de André Gide, un autor con una trascendencia pública patente en el espacio literario francés y europeo de entreguerras. Si bien el interés por la literatura gideana se explica, evidentemente, por sus propuestas y por la notoriedad del círculo de La Nouvelle Revue Française en su conjunto (Anglès 1978; Koffeman 2003), la relevancia de su figura intelectual y la relación que establece con la esfera política no son de ningún modo ajenas a la recepción de sus obras literarias en espacios lingüísticos y culturales distintos. En el contexto que nos ha ocupado, leemos la recepción de la obra (de algunas obras) de Gide como un ejemplo significativo de la relación entre un espacio literario, el francés, hegemónico en el contexto anterior a la Segunda Guerra Mundial, y el espacio literario catalán, que desde finales del siglo XIX y hasta la segunda mitad del siglo XX encontró en su vecino del norte un modelo de referencia para construir las bases de una cultura moderna.
29La instauración de la dictadura franquista transformó completamente las condiciones objetivas que determinan la circulación de bienes simbólicos entre ámbitos nacionales distintos. En el caso del espacio literario catalán, el proceso que se había iniciado a finales del siglo xix, y que facilitó la construcción problemática y desigual, pero en cualquier caso efectiva, de un mercado del libro y, por consiguiente, de una cultura propia en el contexto de la modernidad (Castellanos 1996), quedó completamente interrumpido por los nuevos condicionantes políticos. En este sentido, iniciativas como Edicions Proa y la empresa iniciada por Josep Janés con la publicación de varias obras de Gide –y de una selección excelente de autores de referencia, tanto catalanes como extranjeros– son ilustrativas de la dirección que seguía este proceso. Huelga decir que a partir de enero de 1939 el único camino posible llevaba al exilio: interior, o exterior, hacia la Francia de Gide, que con la llegada de miles de refugiados republicanos albergó, también, a una literatura condenada a la clandestinidad y al destierro durante los primeros tiempos de la posguerra.
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Palabras clave de la editorial: crítica literaria, edición catalana, traducción catalana
Fecha de publicación en línea: 16/01/2023
https://doi.org/10.4000/bulletinhispanique.16264