Los poemas de Florencia Pinar y Francisco de Terrazas, un puente que cruza el océano
Páginas 49 a 66
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- ZALDÍVAR, María Inés,
- Zaldívar, María Inés.
- Zaldívar, M.-I.
https://doi.org/10.4000/12vdw
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- Zaldívar, María Inés.
- ZALDÍVAR, María Inés,
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Notes
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[1]
Estas palabras corresponden al inicio de la introducción de Georges Bataille, El erotismo, trad. Juan Giner (Barcelona: Mateu, 1971) 14.
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[2]
Ver en «Un nuevo arte de amar» en El arte de amar en la Edad Media, 2000.
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[3]
Hoy en día, aunque con una obra menor, se identifican también otras mujeres: Mayor Arias, Marina Manuel, María Sarmiento, Leonor Centella (Marquesa de Cotrón), Catalina Manrique y Juana de Portugal, reina de Castilla (esposa de Enrique IV). Y si pensamos más allá de los cancioneros, no se puede obviar la presencia de autoras tales como Leonor López de Córdoba, Teresa Cartagena, Feliciana Henríquez y Catalina Clara Ramírez de Guzmán.
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[4]
Alan Deyermond afirmó que, aunque es casi inexistente y muy difusa la identificación de la presencia de mujeres en los cancioneros, «The one exception, the one woman poet for whom we possess adequate though still slender material for study is Florencia Pinar» (1978: 3).
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[5]
Acerca de esta última canción González de la Higuera afirma que: «La composición “Cuidado nuevo venido” no puede considerarse de Florencia Pinar, aunque aparezca como su autora en el Cancionero de Rennert, puesto que en otros cancioneros este poema es atribuido a otros autores: Rodríguez del Padrón, Pedro de Quiñones, e incluso aparece como anónima». (238)
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[6]
Nunca está demás repetir que en los cancioneros españoles que recogen la poesía del siglo XV se pueden leer más de setecientos poetas varones, y que no se cuentan en todos ellos más de una docena de mujeres. Solo anoto una anécdota desde América del Sur, Chile, inicios del siglo XX y de antología poética canónica; me refiero a Selva lírica Estudios sobre los poetas chilenos de 1917, antología realizada por Julio Molina Núñez y Juan Agustín Araya en la que aparecen antologadas Olga Acevedo, Gabriela Mistral, Berta Quezada, y Juana Inés de la Cruz (Winétt de Rokha), únicas cuatro poetas en medio de más de un centenar de poetas varones.
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[7]
Una expresión de esta alternativa en lo literario puede verse, por ejemplo, en las danzas de la muerte.
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[8]
Un hecho a considerar, y que probablemente fue un telón de fondo en los primeros años de vida de Florencia Pinar, es el impacto que significó la guerra civil entre 1475 y 1479 por la sucesión a la Corona de Castilla. Guerra que tenía como propósito dirimir la sucesión de Enrique IV, fallecido en diciembre de 1474, entre los partidarios de doña Juana de Trastámara, hija del difunto monarca, (y apodada La Beltraneja), y los de Isabel (la Católica), quien reinara durante largos años como Isabel I de Castilla, y de quien Florencia Pinar habría sido dama en la corte.
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[9]
Pérez Priego afirma que: «Ocasión de activa participación poética femenina fueron […] las fiestas y juegos caballerescos que, con gran asiduidad, se celebraron a lo largo del siglo. Con motivo de distintos acontecimientos, como entradas reales, recibimientos, bodas celebraciones, etc., se organizaron infinidad de desfiles, torneos, justas y espectáculos muy diversos, a los que se entregaban con auténtica fruición las damas y caballeros de la corte». (14)
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[10]
Tal como menciona Pérez Priego, las invenciones fueron recogidas en las Coplas de Jorge Manrique: «¿Qué se fizo el rey don Juan ? / Los infantes de Aragón, / ¿qué se fizieron ? / ¿Qué fue de tanto galán ? / ¿Qué fue de tanta invención / como traxieron ? / Las justas y los torneos, / paramentos, bordaduras / y çimeras / ¿fueron sino devaneos / qué fueron sino verduras / de las eras ?» (15)
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[11]
El texto está tomado de Poesía femenina hispanoárabe de María Jesús Rubiera. La autora cierra la introducción aseverando que «La voz de las mujeres de al-Andaluz, con lenguaje auténtico femenino o tomado prestado de los hombres, es la primera que nos ha llegado de las muchas que resonaron en la Península Ibérica. Fue expresada en lenguas que hoy han desaparecido de nuestro suelo, pero, tal vez, traducida al español, no resulte tan antigua ni tan ajena». (33)
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[12]
Remito a la página 235 de Deyermond (1978) para tener una mejor idea del panorama crítico.
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[13]
Huizinga plantea que: «los anillos, los velos, todas las joyas y presentes del amor tenían su función especial, con sus misteriosas divisas y emblemas, que degeneraban frecuentemente en los más artificiosos jeroglíficos» (172). Más adelante agrega que: «El código de los conceptos, las reglas y las formas cortesanas no servían exclusivamente para hacer poesías a base de ellas, sino también para aplicarlas en la vida aristocrática o, al menos, en la conversación». (174)
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[14]
Para la transcripción de los poemas utilizaré la versión de Pérez Priego.
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[15]
Ver, por ejemplo, en el poema «Traspié entre dos estrellas», p. 495 del primero, y en algunos versos de La religión de mi tiempo del segundo, p. 95.
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[16]
Se lee también en el bestiario de Cambridge que en los machos el coito frecuente los agota y que, como tienen que disputarse entre ellos a la hembra se cree que «el macho vencido se somete a la monta como una hembra» (151). Las referencias provienen del Bestiario medieval.
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[17]
Estadísticas hablan de alrededor de un 50 % de mortalidad para los recién nacidos y entre un 30 y 60 % para las madres.
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[18]
Dos ejemplos emblemáticos: Laureano y su anorexia en Cárcel de amor y el suicidio de Melibea en La Celestina.
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[19]
Este libro fue publicado originalmente en la Universidad de Iowa, donde Jorge Guzmán cursó su doctorado y luego fue profesor de dicha universidad. Más tarde, en 1980, el libro fue reeditado y publicado en Chile por el Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile.
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[20]
Ver en «Poesía lírica de Francisco de Terrazas. Edición de la “epístola” y los sonetos» en Nueva Revista de Filología Hispánica, 2021. Especialmente en el apartado «Rasgos de su genealogía».
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[21]
Epístola recogida junto a cinco de los sonetos en un cancionero toledano descubierto por Pedro Henríquez Ureña, procedente de la Biblioteca Provincial de Toledo. Hoy se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid (ms. 19661).
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[22]
La única excepción que mantiene el único título original es la del soneto «A una dama que despabiló una vela con los dedos».
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[23]
Pueden leerse en Cancionero sevillano de Toledo manuscrito 506 (fondo Borbón-Lorenzana), Biblioteca de Castilla-La Mancha, en edición de 2006, a cargo de José J. Labrador Herraiz, Ralph A. DiFranco y Juan Montero, con prólogo de Begoña López Bueno.
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[24]
Pueden leerse en dos textos contemporáneos clásicos como lo son la edición crítica a cargo de Margarita Peña, Flores de baria poesía. Cancionero novohispano siglo XVI. México: FCE, 2004: Números 120, 186, 255, 301 y 315; y la de Raquel Chang Rodríguez, “Aquí ninfas del sur, venid ligeras” Voces poéticas virreinales. Madrid-Frankfurt: Iberoamericana, 2008: pp. 131-138.
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[25]
Desde el año 1973 integra la Rare Book Collection de la Universidad de Pennsylvania (UPenn Ms. Codex 193). Por otra parte, y en relación al estado de la cuestión crítica, aunque existen interesantes lecturas acerca de los poemas de Terrazas, esta vez quisiera eximirme debido al espacio disponible. Aun así, destaco artículos no mencionados tales como «El Nuevo mundo y conquista de Francisco de Terrazas en la construcción de una historia criolla de la Nueva España» (2015) de Juan Carlos Cabrera Pons; «La concepción amatoria medieval en la epístola de Francisco de Terrazas (s. XVI)» (2011); la valiosa puesta al día de Aurora Díez-Canedo Flores en el texto de «Francisco de Terrazas», (2012). Los textos de Luis Íñigo Madrigal, en especial su análisis «Sobre el soneto de Terrazas ¡Ay, basas de marfil, vivo edificio !» (2009); y del mismo poema la lectura que hace José Lara Garrido en «Columnas de cristal: códigos y discursividades entre un soneto de Lope y un famoso romance anónimo» (1997).
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[26]
La transcripción y citas de los sonetos corresponden a la edición de Ángel José Fernández.
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[27]
Que como bien me comenta Fernando Rodríguez-Mansilla, resuena cual eco de Virgilio: omnia vincit Amor.
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[28]
En relación al soneto, Luis Íñigo Madrigal comenta que “hay uno que no transcriben ni García Icazbalceta […] ni Menéndez Pelayo en su Antología; el primero indica que lo omite por «sobradamente libre», el segundo apunta a que «el mejor de estos sonetos no puede transcribirse aquí por ser un tanto deshonesto», p. 41-42. Agrega también que en el siglo XIX tampoco lo reprodujo Francisco Pimentel en «Literatura mexicana» de la Revista Nacional de letras y ciencias, por encontrarlo «de argumento impúdico», p. 42.
El bello juego del amor, como forma de vida, fue jugado, pues, en el estilo caballeresco, en el género bucólico y en la artificiosa alegoría de la rosa, y aunque resonaba por todas partes la negación de todos estos convencionalismos, sus formas conservaron, sin embargo, su valor vital y cultural hasta mucho después de la Edad Media. Pues formas con las cuales se cubre el ideal del amor, hay solo unas pocas en todos los tiempos. Johan Huizinga , El otoño de la Edad Media, 1996, Madrid: Alianza Editorial (Primera edición española 1930)
Ese puente que cruza el océano esta vez nos remite a la poesía y específicamente a los poemas eróticos de Florencia Pinar y Francisco de Terrazas. Textos que presentan esta pulsión radical que, tal como afirma Georges Bataille al intentar determinar el significado de la palabra, «aunque no sea exactamente una definición, podría decirse del erotismo que es la aprobación de la vida hasta en la muerte» (17) . Tema central en la vida humana que, por otra parte, desde tiempos remotos ha existido en un estrecho vínculo con la poesía y que, según Michel Zink, a partir del siglo XII se textualiza a través «de un vínculo particular, íntimo, esencial» precisando que, aunque «la Edad Media amó infinitamente a Ovidio. Lo leyó, copió, imitó, citó, tradujo y glosó» (8), esta no se reduce solo a una extrapolación de este modelo de escritura .
Avanzando en el tiempo y para contextualizar la producción escritural de nuestros autores, ineludible es también mencionar la existencia del …
Palabras clave de la editorial: Baja Edad Media, Pinar (Florencia), poesía erótica, Renacimiento, Terrazas (Francisco de)
Fecha de publicación en línea: 10/12/2024
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