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Lord Acton, el victoriano confederado: en defensa de la primitiva Unión y los derechos de los Estados

Páginas 341 a 368

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  • Redondo Rodelas, J.
(2023). Lord Acton, el victoriano confederado: en defensa de la primitiva Unión y los derechos de los Estados. Araucaria, 52(1), 341-368. https://doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.15.

  • Redondo Rodelas, Javier.
« Lord Acton, el victoriano confederado: en defensa de la primitiva Unión y los derechos de los Estados ». Araucaria, 2023/1 N° 52, 2023. p.341-368. CAIRN.INFO, shs.cairn.info/revista-araucaria-2023-1-page-341?lang=es.

  • REDONDO RODELAS, Javier,
2023. Lord Acton, el victoriano confederado: en defensa de la primitiva Unión y los derechos de los Estados. Araucaria, 2023/1 N° 52, p.341-368. DOI : 10.12795/araucaria.2023.i52.15. URL : https://shs.cairn.info/revista-araucaria-2023-1-page-341?lang=es.

https://doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.15


Notes

  • [1]
    (javier.redondo@ufv.es) Profesor contratado doctor de la Universidad Francisco de Vitoria. Licenciado en Ciencias Política y Sociología (UCM) y Doctor en Derecho Constitucional (UCM). Sus publicaciones recientes son: "España, esencia y consistencia: ser y razón en Marías y Bueno", en Cuadernos de Pensamiento Político, n. 74, abril-junio 2022, pp. 47-55; "La contaminación populista", en Edurne Uriarte (coord.), Los populismos, una amenaza para la democracia (Pamplona, Aranzadi, 2021); "Introducción" a Thomas Paine: sentido común y ocho cartas a los ciudadanos de Estados Unidos (Madrid, Alianza, 2020) y "El sistema electoral municipal: Análisis de los efectos de dos sistemas diferentes", en Carmen Ortega, Juan Montabes y Pablo Oñate (eds.): Sistemas electorales en España: caracterización, efectos, rendimientos y propuestas de reforma (Madrid, CIS, 2020).
  • [2]
    La expresión fue creada por Edward A. Pollard, editor de un periódico de Richmond. En 1866 publicó: The Lost Cause: A New Southern History of the War of the Confederates (Clausen 2010, pp. 32-33).
  • [3]
    Carta de Lord Acton a Robert E. Lee. Bolonia, 4 de noviembre de 1866. Lee Family Digital Archive: https://leefamilvarchive.org/papers/letters/transcripts-unknown%20sources/u020.html
  • [4]
    El ejemplar puede consultarse en la National Library of New Zeland: https://paperspast.natlib.govt.nz/newspapers/otago-daily-times/1862/11/13. Descarga en PDF: https://paperspast.natlib.govt.nz/newspapers/otago-daily-times/1862/11/13. The Times había justificado lo mismo largamente al mes de iniciarse la contienda: se puede consultar el extenso artículo, con referencias históricas al final de la Guerra de Independencia y al proceso constituyente en: Gale Primary Sources, The Times, 23 de mayo de 1861: “Causes Of The American Civil War”: https://go.gale.com/ps/i.do?p=GDCS&u=webdemo&v=2.1&it=r&id=GALE%7CCS151165111&asid=1657598400000~9597315b
  • [5]
    En noviembre de 1861, el Norte capturó el buque de vapor británico, con destino a Inglaterra, Trent, en el que viajaban dos significados militantes de la Confederación, James Mason y John Slidell. La detención generó una crisis diplomática que estuvo a punto de provocar un conflicto bélico con Inglaterra. A lo largo de ese año, “los sureños creían fervientemente que el poder de ‘Su Majestad el Algodón’ empujaría a los ingleses y a los franceses a intervenir. La industria textil era el sector principal de la economía británica y también era importante en Francia (…) la estrategia basada en ‘Su Majestad el Algodón’ fracasó en 1861 a causa de un factor económico: las extraordinarias cosechas de 1859 y 1860 habían producido un excedente (…) Hasta 1862 no se agotaron las existencias y empezó a notarse el ‘hambre del algodón’ previsto desde hacía tanto tiempo. A esas alturas ya era demasiado tarde para las esperanzas sureñas de una intervención británica contra el bloqueo” [marítimo impuesto por el Norte]. En febrero de 1862, Inglaterra declaró legal el bloqueo y lo condicionó únicamente a que lo pudiera hacer efectivo; cosa que el Norte ya hacía. El Sur se dedicó a la búsqueda de un reconocimiento diplomático que tampoco llegó. Después, Gran Bretaña giró progresivamente hacia la causa de la Federación. Aun así, James Mason casi consigue que la Cámara de los Comunes votase una moción solicitando el reconocimiento de la Confederación. La moción no se llegó a presentar. El primer ministro, Palmerston, ya no estaba por la labor ni veía viable la independencia del Sur: “Deberíamos saber que su independencia es una verdad y un hecho, antes de declarar que así es”. (Mc Pherson 2004: 24 y 52-60).
  • [6]
    El prestigio del general rebelde Robert E. Lee obedecía también a su estricta observancia respecto de las reglas de la guerra: se opuso radicalmente a que después de la rendición de Appomattox -o para evitar rendirse en Appomattox- el Ejército Confederado iniciase una guerra de guerrillas como estrategia de supervivencia: “La loable decisión de Lee se derivaba de su admirable constitucionalismo y su respeto por la ley, tanto por las leyes comunes de la guerra como por las de su país; pero también, como dejó claro, de su decisión de librar al Sur de los horrores de la guerra irregular dentro de su propio territorio”. En lugar de la “resistencia irregular (…) el Sur se consoló con una versión idealizada de la historia de la Confederación, que dio en llamarse la Causa Perdida. Afortunadamente para los estadounidenses, la Causa Perdida adoptó la forma de una leyenda y no de un movimiento político; una leyenda sumamente idealizada que al final se resolvía en una descripción de Sur como una tierra de magnolias florecidas, mansiones con blancas columnas, bonitas damiselas de las plantaciones y esclavos satisfechos” (Keegan 2011, 455-456).
  • [7]
    “No pretendo decidir sobre la cuestión puramente legal, respecto de la cual me parece evidente, tanto por los trabajos de Madison como de Hamilton, que los Padres de la Constitución diferían, creí que los Derechos de los Estados constituían el único freno útil al absolutismo de la voluntad soberana y la secesión me llenó de esperanza, no como la destrucción sino como la redención de la Democracia”.
  • [8]
    Fundamentalmente, y con matices, hay tres corrientes historiográficas que interpretan la Revolución norteamericana: la nacionalista, la radical y la progresista o marxista. Esta última fue impulsada por Ch. A. Beard en 1913, con su obra, An Economic Interpretation of the Constitution of the United States (Nueva York, 2004). El otro gran trabajo de referencia de la corriente marxista es: C. Becker, Freedom & Responsibility in the American Way of Life (Nueva York, 1945). Esta corriente niega que se produjese una verdadera revolución porque no fue social sino burguesa. Por otra parte, la corriente nacionalista emerge en cuanto los acontecimientos adquieren perspectiva histórica. Coincide -para combatirla intelectualmente- con la “crisis de anulación” y el desafecto de los estados del Sur y entronca con las causas que conducen a la Guerra Civil. Estos autores extienden la revolución -definiendo las fases de cada proceso- hasta la aprobación de la Constitución de 1787: el gran hito contemporáneo. Plantean el fenómeno en sentido amplio y como una sucesión lógica de los acontecimientos que abarca desde 1774 hasta 1787. Esta corriente, mayoritaria durante la segunda mitad del siglo XIX y buena parte del XX, reivindica el Gobierno federal y la Constitución de la Unión. Su narrativa se afianza después de la Guerra Civil. En tercer lugar, la corriente radical -wihg- considera que la revolución fue, propiamente, la Declaración de Independencia. La proclamación trajo la abolición de la monarquía, la refundación del republicanismo clásico -que mira y se remonta a las ciudades estado italianas- y la instauración de la democracia. El mundo tory desaparecía de los Estados Unidos de América. Los radicales admiten la evolución natural y en su contexto de la Confederación hacia la Unión, pero subrayan que los principios propiamente revolucionarios coinciden con la independencia de los estados -pequeñas repúblicas-, aunque extiendan la temprana república hasta 1815, cuando comienza la era de la democratización (Wood, 2009). La obra de referencia es G. S. Wood, The Radicalism of the American Revolution (Nueva York, 1993).
  • [9]
    El texto de la Constitución puede consultarse en https://www.archives.gov/espanol/constitucion; si bien, por la calidad de la traducción, hemos consultado una versión impresa editada por la Embajada de los Estados Unidos en España y World Book en 2004.
  • [10]
    Tras la Guerra Civil, Virginia se dividió en dos: Virginia y Virginia Occidental, que permaneció leal a la Unión durante la contienda.
  • [11]
    “El delito de traición contra los Estados Unidos consistirá solamente en levantarse en armas contra el país o en aliarse con sus enemigos, brindándoles ayuda y facilidades” [artículo tercero, sección tercera].
  • [12]
    Carta de Lord Acton a Robert E. Lee. Cit. Supra.
  • [13]
    Sostiene Buchanan que, en puridad, los Estados Unidos no existieron hasta que se creó la Confederación. Surge la duda de si las colonias eran estados o estados soberanos en el momento de incorporarse a la Confederación. Dice que esta cuestión no es “moralmente determinante”; que lo relevante es si estaban previamente vinculados unos con otros y si esa vinculación debía permanecer una vez alcanzados determinados objetivos -se sobrentiende que la victoria sobre Inglaterra- (Buchanan 2013: 81-83).
  • [14]
    Epígrafe “Los hermanos Johny Reb y Billy Jank” (Redondo 2015: 232-238) y Beckert (2016).
  • [15]
    En enero de 1862, en una conversación privada, el presidente de la Unión, Abraham Lincoln, reconoció: “No puedo imaginar que alguna potencia europea se atreviese a reconocer y ayudar a la Confederación del Sur, si resulta claro que la Confederación defiende la esclavitud y la Unión, la libertad” (Redondo 2015: 248). Durante ese año, Reino Unido y Francia se sintieron inclinados a reconocer al Sur. La maniobra era arriesgada aunque tentadora. El 18 de julio de ese año, el Parlamento británico debatió sobre la mediación, una forma sutil de reconocer ambas legitimidades. El primer ministro Palmerston frenó la inclinación promediación (Redondo 2015: 246-248).
  • [16]
    Empleamos la expresión y noción utilizada en su momento sin entrar a valorar lo acertada, tendenciosa o rigurosa que nos pueda parecer, ya que, como sabemos, los individuos, y no los territorios, son los únicos sujetos de derechos.
  • [17]
    A. de Tocqueville, La democracia en América (Madrid, 2010).
  • [18]
    “En 1819, Misuri, colonizado por sureños y con un 10 por ciento de población esclava, pidió su admisión en la Unión. Estaba demasiado al norte y podía alterar el estado de cosas. En 1820 se firmó el Compromiso de Misuri por iniciativa del senador de Kentucky Henry Clay: Misuri se incorporaría definitivamente como estado esclavista en 1821; antes, Maine, separado de Massachusetts, lo haría como abolicionista. Igualmente se estableció una línea divisoria en el paralelo 36° 30’ que separaría, en el futuro, a los estados libres de los esclavistas. Misuri, situado al norte, era la única excepción. Muy poco después se demostraría que la solución era provisional” [esa línea ya existía, conocida como Mason-Dixon: con ella, ubicada inicialmente entre los paralelos 39° y 40°, los exploradores separaron Pennsylvania de Maryland. Extendida al oeste del río Ohio, quedo definitivamente fijada en los 36° de latitud oeste y 30° norte] (Redondo 2015: 120).
  • [19]
    J. Redondo, “Orígenes y justificación del presidencialismo americano” en Cuadernos de Pensamiento Político, 47, (2015), pp. 53-68.
  • [20]
    J. Dewey, Jefferson, con la mayor felicidad (Buenos Aires, 2006).
  • [21]
    “Al menos en literatura, disiento totalmente de la opinión de quienes niegan a los americanos un lugar honorable junto a las naciones europeas (…) Ellos ingeniaron un sistema de gobierno federal que prodigiosamente incrementó el poder nacional incluso con respeto de las libertades y autoridades locales; y ellos lo han fundado sobre el principio de igualdad sin menoscabo de la seguridad para la propiedad y la libertad. Lo considero un éxito sin precedentes, no es una expresión exagerada sino que creo que el término refleja exactamente el carácter peculiar de la Historia de la Constitución Americana y su especial significado también para nosotros”.
  • [22]
    “Ahora bien, la experiencia de los norteamericanos es necesariamente una impresionante lección para Inglaterra. Tanto nuestras instituciones como nuestro carácter nacional brotan de las mismas raíces y tal fortuna debe servir de faro para guiarnos, como advertencia de lo que repeler. Por otra parte, el mundo nunca había conocido una Democracia que combinara una tan avanzada civilización con un tan extenso territorio”.
  • [23]
    Decimos que hasta cierto punto porque Acton se declara influido por Burke; sin embargo, Acton se considera más idealista. Para Burke, entre las ideas de los filósofos y los hechos median una serie de condicionantes: accidentes, tradiciones, leyes, intereses…; para Acton, el significado de la Historia son las ideas (Himmelfarb 1949: 296). Digamos que para Burke hubiera sido imposible deslindar la causa confederada de la esclavitud; mientras que Acton analiza la Guerra en virtud de los ideales políticos que mueven a la Confederación.
  • [24]
    J. N. Rakove, The Beginnings of National Politics. An Interpretative History of the Continental Congress (Nueva York, 1979) y J. N. Rakove, Original Meanings. Politics and ideas in the Making of the Constitution (Nueva York, 1997).
  • [25]
    Durante la Presidencia de Pierce se aprobó la Ley Kansas-Nebraska, que liquidaba el Compromiso de Misuri al permitir a Kansas, situada por encima del paralelo 36° 30’, convertirse en Estado esclavista. En Kansas había dos gobiernos y dos legislaturas. Pierce amenazó con enviar tropas federales y finalmente unos enfrentamientos entre abolicionistas y esclavistas provocaron 200 víctimas (Redondo 2015: 213-214).
  • [26]
    Prochaska cita dos artículos publicados por J. S. Mill en 1862: “The Contest in America” y “The Slave Power”.
  • [27]
  • [28]
    W. A. DeGregorio, The Complete Book of U.S. Presidents (New Jersey, 2013), p. 220.
  • [29]
    H. Borgan, “America and Walter Bagehot”, en Journal of American Studies, 3 (1977), pp. 335356 y Prochaska (2013: 57-71).
  • [30]
    J. Bryce, La república norteamericana (Madrid, 2017) y Los partidos políticos en los Estados Unidos (Madrid, 2017); se corresponden con los volúmenes II y III de The American Commonwealth (Indianapolis, 1888).
  • [31]
    En sentido contrario se expresa el sociólogo marxista B. Moore: el Norte y el Sur representaban dos modelos que retroalimentaban una misma estructura capitalista. Así que tuvieron que “darse circunstancias históricas especiales para que resultara inviable el acuerdo entre una sociedad agraria basada en una mano de obra no libre y el capitalismo industrial ascendente” (Moore 2002: 177 y 178).
  • [32]
    “Here, then, was a society adopting inequality, not as the natural producto of property, descent and merit, but as its very foundation, -a society, therefore, more aristrocratically than those of feudal times”. (…) “Therefore the very defect of their social system preserved them from those political errors which were transforming the original characters of the Northern Republics. The descomposition of Democracy was arrested in the South by indirect influence of slavery” (Acton 2018: 22-23).
  • [33]
    J. C. Calhoun, Disquisición sobre el Gobierno (Madrid, 1996).
  • [34]
    Remini (1978) y Remini (2008: 102-111).
  • [35]
  • [36]
    “Slavery was not the cause of secession, but the reason of its failure. In almost every nation and every clime the time has come for the extintion of servitude (…) If, then, is to be criterion which shall determine the significance of the civil war, our veredict ought, I think, to be, that by one part of nation it was wickedly defended, and by the other as wickedly removed” (Acton 2018: 27-28).
  • [37]
    “Another party desired secession in order to establish a new Union on the old principles which the North had disavowed”(Íbidem: 27).
  • [38]
    “Cuando se estableció la Confederación sobre el derecho de secesión, el reconocimiento de ese derecho implicaba que nunca debería darse la ocasión para su ejercicio. Decir que contingencias particulares justificarían la separación es tanto como afirmar que el gobierno confederado está sujeto a ciertos límites, obligado a ciertas condiciones y leyes. [Este equilibrio] es un claro repudio de la doctrina de que la minoría no puede ejercer ningún derecho y la mayoría no puede cometer ningún mal. Es como pasar del dominio de un déspota capaz a un reino constitucional”.
  • [39]
    “Cuando proclamamos nuestra independencia, sólo seguimos las huellas de nuestros padres… No lo hacemos como gesto de hostilidad hacia los demás, ni para dañar a ninguna parte del país, ni siquiera en nuestro propio beneficio económico, sino por el alto y solemne motivo de defender y proteger los derechos que heredamos, los cuales debemos transmitir íntegros a nuestros hijos.”
  • [40]
    Mc Pherson (2006).
  • [41]
    “Lord Acton, el apóstol inglés de la libertad, apoyó firmemente a la Confederación a pesar de que detestaba la esclavitud. ‘La Historia’, explicó, ‘no funciona con esencias embotelladas, sino con combinaciones activas’. Acton defendió su posición argumentando que la singular estructura federal estadounidense se basada en el equilibrio entre poderes centrales y locales. Él, que lamentó que el Norte lo estuviese destruyendo, consideraba que [dicho equilibro] constituía el mejor medio para una futura Europa unida y evitar los peligros del nacionalismo. Era un hombre, en algunos aspectos, claramente adelantado a su tiempo”.
  • [42]
    “El Norte ha usado los principios de la Democracia para destruir el autogobierno. El Sur aplicó el principio de federación condicional para curar los males y corregir los errores de una falsa interpretación de la Democracia”.
  • [43]
    Carta de Robert E. Lee a Lord Acton. Virginia, 15 de diciembre de 1866. Lee Family Digital Archive: https://leefamilyarchive.org/9-family-papers/832-robert-e-lee-to-sir-iohn-acton-1866-december-16
  • [44]
    “No tengo tiempo para entrar en una discusión que fue iniciada por los fundadores de la constitución y sigue hasta hoy. Solo puedo decir que, si bien he considerado que la preservación del poder constitucional del Gobierno General [federal] es la base de nuestra paz y seguridad en el interior y en el exterior, creo sin embargo que el mantenimiento de los derechos y la autoridad reservados a los Estados y al pueblo, no sólo resulta esencial para el ajuste y equilibrio del sistema general, sino que constituye la salvaguardia de la continuación de un gobierno libre”.
  • [45]
    Himmelfarb (1993).
  • [46]
    Esta visión dominó durante algunas décadas la historiografía británica. Posteriormente surgieron grandes obras que humanizaron la tarea de los fundadores de la nación y la supeditaron a intereses más mundanos o simplemente trazan una secuencia de acontecimientos donde los ideales se cruzan con las circunstancias. Bernstein (2009), Rakove (2011) o Chernow (2004).
  • [47]
    Carey (comp) (2000).
  • [48]
    Madison (2005).
  • [49]
    En una de las obras de referencia sobre Revolución norteamericana (1967), su autor, B. Bailyn, tras analizar más de 10.000 textos aparecidos durante el proceso, resume las tradiciones intelectuales que influyeron sobre los colonos revolucionarios: la Antigüedad clásica -Grecia y Roma-, racionalismo de la Ilustración, la tradición del common law inglés y el puritanismo y radicalismo revolucionario inglés (Bailyn 2012: 34-65).
  • [50]
    J. Salyer, “Lord Acton and the American Civil War”, en The Imaginative Conservative, 7 de febrero de 2019 : https://theimaginativeconservative.org/2019/02/lord-acton-american-civil-war-jerrv-salver.html
Español

Lord Acton se mostró partidario de la causa Confederada. Lo hizo guiado por su sentido de la Historia y del poder: los ideales tienen una potencia transformadora y los estados del Sur proclamaron la secesión movidos por la reivindicación de los principios originales de la Revolución norteamericana frente a la tiranía de la mayoría. Acton no entra en interpretaciones jurídicas acerca de la materialización del derecho de secesión, pero explica el significado efectivo de la noción de soberanía y la incluye entre los inalienables derechos de los estados. Acton, celoso de preservar los contrapesos que neutralicen o limiten la tendencia hacia el despotismo de la mayoría y del “Gobierno General”, considera que los estados del Sur lucharon por un ideal: proteger sus derechos sobre la base de la vieja Constitución y por una nueva Unión.

Palabras-clave

  • Estados Unidos
  • Guerra Civil
  • Confederación
  • Revolución norteamericana
  • derechos de los estados
  • Lord Acton
  • esclavitud

English

Lord Acton, the Victorian Confederate: In Defense of the Primitive Union and Rights of States

Lord Acton took sided with the Confederate cause. He did it guided by his sense of the History and the power: ideals have a transforming power and the South states proclaimed his secession moved by the vindication of the original principles of the North American Revolution against the tyranny of the majority. Acton does not go into legal interpretations about the materialization of the right of secession, but explains the effective meaning of the notion of sovereignty and includes it among the unalienable states’ rights. Acton, jealous of preserving the balances that neutralize or limit the tendency towards the despotism of the majority and of the "General Government", considers that the South states fought for an ideal: they did it to protect their rights on the basis of the old Constitution and for a new Union.

Keywords

  • United States of America
  • Civil War
  • Confederacy
  • North American Revolution
  • states’ rights
  • Lord Acton
  • slavery

Palabras clave de la editorial: Civil War, Confederacy, Lord Acton, North American Revolution, slavery, states’ rights, United States of America