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Capítulo 8. La segunda sombra: La modernidad

Páginas 76 a 86

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  • Martuccelli, D.
(2010). Capítulo 8. La segunda sombra: La modernidad. ¿Existen individuos en el Sur? (p. 76-86). LOM Ediciones. https://shs.cairn.info/existen-individuos-en-el-sur--9789560001481-page-76?lang=es.

  • Martuccelli, Danilo.
« Capítulo 8. La segunda sombra: La modernidad ». ¿Existen individuos en el Sur? LOM Ediciones, 2010. p.76-86. CAIRN.INFO, shs.cairn.info/existen-individuos-en-el-sur--9789560001481-page-76?lang=es.

  • MARTUCCELLI, Danilo,
2010. Capítulo 8. La segunda sombra: La modernidad. In : ¿Existen individuos en el Sur? LOM Ediciones. Individuos y ciencias sociales, p.76-86. URL : https://shs.cairn.info/existen-individuos-en-el-sur--9789560001481-page-76?lang=es.

Notes

  • [1]
    La pertinencia analítica de esta figura resulta tanto más grande cuanto que ella permite dar cuenta de muchas figuras que la han precedido (el revolucionario de Marx, el súper-hombre de Nietzsche, por supuesto, el dandy de Baudelaire), pero también de muchas figuras que la han prolongado (el sabio de Weber o Mannheim; el flâneur de Benjamin) o bien todas las variantes explícitas de la figura del Extranjero presentes en la literatura sociológica (entre otros Schütz, Stonequist, Bauman...).
  • [2]
    En verdad, como nos hemos esforzado de mostrarlo en otros trabajos, en la propia representación que la tradición occidental –la filosofía pero sobre todo la sociología– ha dado de ella, la modernidad no ha cesado de ser presentada como recorrida –y conmovida– por una serie ineliminable de desajustes. Imposible comprender la modernidad sin abocarse a este problema particular: a la obsesión, por un lado, de una tradición intelectual por forjarse un mundo social organizado cuyo orden vendría dado por una ley secularizada, y, por el otro, la permanencia de los sobresaltos, las rupturas, los desfases y la crisis de la vida social. En este sentido, la modernidad debe ser resemantizada como la conciencia histórica del desfase entre lo objetivo y lo subjetivo. Cf. Martuccelli (2005, capítulo 5).
  • [3]
    Una interpretación igualmente presente en los estudios consagrados a otras latitudes, como el mundo oriental (Shayegan, 1996, p. 163-188), y sobre todo la África subsahariana (Copans, 1990), en donde se ha insistido muchas veces en la tesis de una modernización económica y burocrática sin modernidad (o sea, sin el espíritu de la Ilustración). Subrayémoslo de paso: otros estudios subrayan, al contrario, que fue la posibilidad de una disociación entre modernización y modernidad la que habría permitido la experiencia de desarrollo observable en muchos países asiáticos durante el siglo XX.
  • [4]
    Pero no así, vale la pena destacar, con la noción de “posmodernidad”, la que ha permitido introducir dentro de esta periodización lineal y evolutiva una concepción distinta, reconociéndose a veces, por ejemplo, y como ya lo hemos evocado, la existencia desde América Latina de un “posmodernismo avant la lettre” (Herlinghaus y Walter, 1994).
  • [5]
    Para un buen ejemplo de estas discusiones, cf. el número especial dedicado a las “Alter/Native Modernities” en la revista Public Culture, 1999, sobre todo los artículos de Dilip Parameshwar Gaonkar, “On Alternative Modernities” (pp.1-18); Charles Taylor, “Two Theories of Modernity” (pp.153-174) y Thomas McCarthy, “On Reconciling Cosmopolitan Unity and National Diversity” (pp.175-208). Cf. también el artículo de síntesis propuesto por Eisenstadt (2007).
  • [6]
    Sin embargo, resulta importante mencionar que los ensayos existen y los esfuerzos se acumulan progresivamente. ¿Cómo no evocar, por ejemplo, y para cerrar esta discusión, el estudio que Paul Gilroy (2003) dedicó a esa experiencia sui generis de individualidad que es la “doble conciencia” propia los negros en el proceso de individuación, la que los acompaña desde la esclavitud hasta su inserción en el mundo contemporáneo, en una experiencia con fronteras subterráneas, que diseña una identidad sumergida y que permite un trabajo intelectual de reconstrucción que, gracias “al examen de la historia cultural moderna de los negros en el nuevo mundo”, reevalúa las representaciones del pasado y del presente del Occidente?

Si el modelo del individuo soberano ha terminado por imponerse con tanta firmeza es porque su representación ha hecho carne con una visión hegemónica de la modernidad. Si los lazos entre los individuos y los tiempos modernos son, como los historiadores y los antropólogos lo indican desde hace décadas, objeto de vivas discusiones, en el pensamiento sociológico (y más ampliamente en el pensamiento occidental dominante) se tratará siempre de insistir en el hecho de que el individuo es un invento de la modernidad, producido por la ruptura de los antiguos lazos comunitarios. En su esqueleto analítico mínimo, su comprensión sociológica se resume en el paso de un actor fuertemente encastrado en la comunidad a un individuo sometido a la heterogeneidad, a la fragmentación, a un arraigo más problematizado en el mundo.
Emblemáticamente, ninguna otra figura sintetizó mejor esta versión canónica del individuo soberano moderno, y de su vínculo con la modernidad, que el elogio que del Extranjero ha dado Georg Simmel (1986, pp. 716-722). Aún hoy en día, el Extranjero aparece como el héroe epónimo de la modernidad: aquel que se desarraiga con el fin de acentuar su singularidad; aquel que se construye una y otra vez y siempre de nuevo arrancándose de los contextos sociales; aquel que transforma el mundo, transformándose. Su presencia –la del Extranjero en tanto individuo soberano– late pues en muchas figuras dominantes de la modernidad: en la economía, los capitanes de industria; en la política, los revolucionarios; en el arte, las vanguardias…


Fecha de publicación en línea: 17/08/2023

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